Lo que de verdad necesitamos esta Navidad

Felicidad, Alegría e Ilusión

Felicidad, alegría e ilusión. Esto es lo que se reivindica cada año por estas fechas, y más aún este año, en donde una pandemia mundial ha alterado nuestro universo vital. Es fácil predicar estos valores cuando no se está enfermo, ni se ha perdido la vida de un ser querido, ni de la noche a la mañana has perdido un trabajo, un empleo o un negocio. Y qué decir del trauma que el Covid19 ha causado en muchas personas, todavía no estabilizado ni controlado, y cuyas secuelas se verán en un futuro no muy lejano. Médicos, enfermeras y sanitarios desbordados tras una asistencia sanitaria de guerra, farmacéuticos trabajando sin descanso, trabajadores de servicios esenciales que no han podido descansar para que a los demás no nos faltara abastecimiento en casa…


Lo que necesitamos en Navidad

Y por esto, pedir a tanta gente alegría en estos días, cuando ni siquiera con mascarilla se puede visitar a los ancianos en las residencias, ni dar un abrazo a los abuelos, ni visitar a los enfermos en el hospital, es demasiado pedir. Sin embargo, estos momentos son de dificultades compartidas, y por ello, de solidaridad infinita. Y en consecuencia, de alegría sí, pero silenciosa, tímida y reprimida.

Lo de la felicidad ya es otro tema. Todas aquellas familias que este año han perdido a un ser querido, estén diez, veinte o dos en la mesa de la cena de Nochebuena, es imposible que estos días se sientan felices. La pérdida de un familiar cercano deja un vacío tan inmenso, que la soledad y tristeza de esos días, así como la añoranza de tiempos pasados mejores, no hacen más que incrementar. Y por eso digo yo, ¿Será necesaria tanta luz, tanto árbol navideño, tantos elfos o tanta cancioncita con pandereta y zambomba?

Y mi respuesta, a pesar de todo, es sí; rotundamente sí. Tras un trauma, sea del tipo que sea, necesitamos recuperarnos, y no hay nada mejor para ello que volver a la normalidad. Si además de la tristeza que nos invade estos días eliminamos del calendario los momentos que en algún momento nos han hecho sentir bien, apaga y vámonos. Los niños, los mayores que han sobrevivido, los convalecientes, los que han dado ejemplo de disciplina y resiliencia durante la pandemia, se merecen tener, por unos días, aunque sean pocos, una ciudad luminosa, un ambiente alegre, una banda sonora que les recuerde que, a pesar de todo, se puede seguir adelante, a pesar de las dificultades.

Y este año, más que nunca, lo de menos son los regalos. Los niños han hecho sus cartas a los Reyes mucho más reducidas, lo que quieren de verdad es seguir yendo al colegio, quién lo iba a decir. Los mayores sólo ansían un beso de sus hijos y nietos, y los que estamos en la generación de en medio sólo deseamos que esto acabe cuanto antes. Valores como la familia, el amor, la filantropía y el hacer el bien a los demás, ayudando a los que hoy más lo necesitan, han vuelto a imperar en nuestra sociedad, y así debe seguir.

Regalos a Papá Noel y los Reyes Magos hay que seguir pidiendo, aunque sea en menor medida, porque los comercios y negocios de nuestro país deben recuperarse de el caos económico en el que hoy se ven inmersos. Pero pedir detalles que venda el comercio de proximidad, los grandes almacenes que tantos puestos de trabajo crean, y adquirir productos hechos en España debe primar.


Esta Navidad será dulce o agridulce, dependiendo de nuestra situación personal. Pero ayudar a los demás, a los que están solos o se sienten más desfavorecidos, a los que su trabajo pende de un hilo, o a nuestros vecinos con los que hemos compartido aplausos a las ocho durante el confinamiento, debe ayudarnos a  ver estos días desde otra perspectiva.

Lo que este año desastroso nos ha enseñado es que, al final  todos somos vulnerables, y sólo el hecho de ser buenas personas es lo que de verdad importa, porque al final y en definitiva será lo que el día de mañana se recuerde de nosotros.

Cambiar la perspectiva de lo que son unas fiestas navideñas, que siempre se celebran comiendo, e intentando celebrarlas de otro modo, adecuándonos a las nuevas circunstancias y, por ende, a las medidas sanitarias establecidas, es lo que debemos hacer. Dos navidades he estado enferma y recién operada, y reconozco que no había más estrés en mi vida que pensar dónde iba a ir a comer o a cenar esos días, porque sinceramente, no tenía ninguna gana, y mi mayor problema en esos momentos y dada mi patología, era el hecho de ingerir alimentos. Entonces entendí que en España habíamos cambiado la ilusión de reunirnos por la de comer, y cuanto más mejor, y me dio mucha pena, porque cuando iba a las celebraciones lo hacía con desgana y miedo a no ponerme mala por comer algo inadecuado.

Ahora, sin embargo, las ausencias personales, las dificultades económicas o la enfermedad ha hecho que este año no pensemos tanto en el menú que vamos a degustar, sino más bien con quién lo vamos a celebrar. Y eso, al final es lo que de verdad importa. Y si tenemos que cambiar el pavo o el solomillo por unos macarrones con tomate, pues bienvenidos sean. Y si tenemos que llevar mascarilla y juntarnos a las siete de la tarde en lugar de a las diez, pues así dormiremos más. Y si para ver a nuestros amigos tenemos que verlos en e parque al aire libre pues bien también.

Este año, serán unas navidades diferentes, pero no dejéis que el hecho de no seguir algunas tradiciones de siempre arruine vuestros planes de sonreír y hacer felices  los que hoy en día nos rodean. Ese es el verdadero secreto para estar estos días Más Que Gua@s. Así que a todos mis lectores, os deseo, de todo corazón, una muy Feliz Navidad, y que sepáis que pasar la nochevieja en pijama, como me ha ocurrido a mi en varias ocasiones, tampoco está tan mal!  

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Emma G.
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Redactora de Mas Que Guapa

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