Después del confinamiento …

¿Y ahora qué?

Hemos cambiado ya varias veces de fase, y está claro que dentro de poco llegará el momento del completo
desconfinamiento. Ya podemos ir de paseo, más allá del kilómetro inicialmente previsto, a restaurantes a comer o incluso a terrazas al aire libre, a tomar un pincho con una cerveza. Nos manejamos con el teletrabajo como si lo hubiéramos hecho toda una vida, y los niños ya manejan el ordenador con mayor soltura que un libro de papel. Podemos entrar en centros comerciales y volver a ir de compras, aunque con restricciones, pero cada vez se nos hace más fácil y habitual eso de lavarnos las manos con gel hidroalohólico nada más entrar y codearnos con los conocidos porque eso de dar los dos besos o mil abrazos se ha terminado por el momento.

Llevamos un poco mal eso del uso de la mascarilla, porque precisamente está coincidiendo con una ola de calor desmesurada para el mes en el que estamos, pero ya nos la quitamos y ponemos con una soltura inusitada. Sabemos todos los tipos y modelos que hay, tamaños, formas y colores, y cuáles protegen más y cuáles menos. Pero si hasta nos conocemos por la calle, a pesar de ir tapados desde la nariz a la boca e intentar parecer ir de incógnito. Mis series de televisión favoritas son las de médicos, y ahora cada vez que voy por la calle me siento ya como uno de ellos. Y siempre me ha llamado la atención la expresividad que transmiten sólo con sus ojos.

Vamos pasando de fase, enterándonos con antelación de qué más podemos hacer en la siguiente pero, ¿Y qué pasará cuando el desconfinamiento llegue a su fin? ¿Volverá a ser nuestra vida como antes o tendremos que adaptarnos a esa “nueva normalidad” de la que tanto se habla? 

Por una parte, creo que volveremos a la vida de antes pero con unas limitaciones y unos hábitos sanitarios adquiridos que creo ya no perderemos. Parece mentira que ahora se nos obligue a lavarnos las manos al llegar a casa o hacerlo antes de comer, cuando esa era una norma de aseo y cortesía de toda la vida. Dejaremos también de besarnos con cualquier persona como forma de saludo o presentación, y limitaremos los besos y los abrazos sólo para nuestros allegados y seres queridos. Y es que tampoco hacía falta besuquearnos cada vez que nos presentaban a alguien, u obligar a nuestros hijos a que besaran a todos nuestros amigos o conocidos para que parecieran más simpáticos.

Al hacer la compra, por ejemplo, o ir a cualquier comercio, tampoco era muy normal toquitear todos los productos y probarnos media tienda para al final no llevarnos nada. Ahora limitamos mucho la ropa que llevamos al probador, porque entre otras cosas, la dependienta tiene después que sanearla y limpiarla para evitar el contagio del COVID19. Pero es que no es normal ir a una tienda y probarse  cualquier prenda que nos haga gracia, o tocar todos los productos del supermercado, cuando encima ni siquiera los vas a comprar.

El uso de la mascarilla parece que va para unos días, aunque ya veremos luego quién es capaz de llevarla cuando estemos en verano y a cuarenta grados. Pero en hospitales, residencias y lugares de riesgo, o para convivir o visitar a pacientes especialmente sensibles, está claro que la mascarilla debe quedarse con nosotros para siempre. Y no es por nosotros, sino como hacen los japoneses, para no contagiar a los demás. Otra medida de respeto y cuidado de nuestro prójimo, que ahora somos conscientes de cuánta falta hacía.


Nuestro estilo de vestir también se va a ver afectado por estas nuevas rutinas que cada vez más estamos integrando en nuestra vida diaria. Vestidos más holgados, moda más sostenible y prendas más duraderas dominarán nuestro armario. Nada de comprarnos algo para un solo día, o un pingo de quita y pon y no volver a utilizar. Compraremos menos pero con más talento, y mejor si es producto nacional y hecho con productos naturales ecofriendly que respeten el medioambiente.

Y no digo nada del maquillaje, imposible de llevar cuando estás continuamente sudando con la mascarilla. Por una temporada hemos abandonado el lápiz de labios, pero hemos descubierto que la mirada lo dice todo. Un buen delineador de ojos, una sombra favorecedora y el imprescindible rimel de pestañas nos dan la luz y el color que queremos transmitir al exterior, ahora que la sonrisa no se ve.

No soy pitonisa, pero sé que aunque en realidad volveremos a nuestras costumbres y hábitos de antes, y se nos olvidarán estos malos momentos que hemos pasado con la pandemia, socialmente y aún sin quererlo, seremos más humanos, respetuosos y responsables. Porque la vida iba demasiado rápido, porque éramos muy egoístas, y porque hemos descubierto valores que ni siquiera sabíamos que existían. 

Porque al final el cuerpo se adapta a todo, nuestra mente es muy maleable y las normas de higiene y contacto no dejan de ser de educación y respeto a los demás, espero que tras el desconfinamiento volvamos a nuestra deseada normalidad pero reforzados, más prudentes y solidarios con los demás. Porque esa es la única manera de mantenernos Más Que Guapos!

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Emma G.
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Redactora de Mas Que Guapa

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