Primeros días de desconfinamiento

Reflexiones y advertencias en moda y lifestyle

El sábado llegó el esperado día, por fin todo a la calle. En tramos, a turnos, cada uno según su edad y
situación. Eso sí, a la compra, a la farmacia, a pasear al perro y a por el pan y el periódico a cualquier hora. Todo un desconcierto.

Sabéis que soy observadora y podría hacer una novela con todas las irregularidades que he visto, y los distintos looks de desconfinamiento que he tenido el placer de observar. Con y sin mascarilla, con guantes o sin ellos, guardando o infringiendo la distancia de seguridad… Pero sin duda, lo más sorprendente que vi ayer fue un jersey de “schandal” (no confundir con chandal, el que se usa para hacer deporte), con leggins de algodón, zapatillas del siglo doce y pendientes de perla y brillante de cincuenta kilos de peso aproximado. Y encima, adulta en una hora en la que sólo se permite salir a los niños. Vamos, todo un despropósito.

Y a ver, que los primeros días que salgamos, por favor, tenemos que hacerlo en el horario que nos corresponde. Las normas, nos gusten o no, están para cumplirlas, y si no seguimos las directrices dadas por las autoridades sanitarias, nos veremos en menos de quince días de nuevo completamente confinados. Y después, otro punto importante: en estas salidas hay que cuidar el atuendo. Que ni vamos de fiesta pero tampoco hace falta disfrazarse de runner si en tu vida has hecho deporte.

Y sí queridos lectores, la de deportistas que he visto hoy por la calle caminando a ritmo más que normal como si nada. Y es que aquí es donde entra la picaresca española: si das un paseo puede ser sólo una hora y a un kilómetro como máximo de tu domicilio, pero si vas a hacer deporte (que por otro lado hay que aclarar que es individual, no en grupo) puedes hacerlo por todo el municipio y sin límite temporal, salvo el hacerlo en el horario que te corresponde. Así que, ¿Qué se nos ocurre para salir todo el tiempo que queremos y que no nos multen? Pues salir de casa disfrazados de deporte. Así no nos cambiamos de ropa, podemos salir tal cual estamos en casa, y lo del deporte, pues ya se verá en un futuro. Pero mientras tanto me pongo la ropa y llevo el móvil en la mano y hala, media ciudad resulta que es olímpica; increíble.

Después está la que se muere por estrenar atuendo o ponerse la ropa de verano, que para eso nos hemos pegado todo el confinamiento organizando armarios. Esas plataformas veraniegas, muy cómodas para pasear, gente con taconazo, maquillada y vestida como para el catálogo de primavera de una gran firma de moda, ¿Pero no es mejor salir con zapatillas los primeros días, que se nos vaya amoldando el pie a las salidas habituales y poder caminar con ritmo y sin pararnos, que es un tema de salud, en lugar de salir a lucir palmito? Porque algunos modelos de los que he visto hoy no son de lavar a sesenta grados, son de tintorería directamente. Menos mal que las abren pronto. Si al final va a resultar que sí que eran esenciales. Total, que al llegar a casa, el virus de la calle nos lo traemos enterito y bien pegado a la ropa.

Y después otra advertencia: Las joyas caras, los complementos desorbitados o ir luciendo logo de alta firma por la ciudad no pega en estos momentos. Ya siento decirlo, pero seguimos estando confinados (aunque cuando miras por la ventana ya no lo parece) y en una situación de tristeza que difícilmente se podrá superar. Estoy complemente de acuerdo con el hecho de que debamos de empezar a resurgir de la nada de nuevo, que nos volvamos a arreglar, que por fin podamos pisar de nuevo la peluquería y nos devuelvan nuestro pelo soñado, que saquemos nuestras mejores galas casual para ir por la calle, y que volvamos a pintarnos las uñas; todo perfecto. Pero de ahí a ir a pasear en tacones, o hacer exhibiciones de poderío, creo sinceramente que no procede, y menos en estos momentos en los que la tasa de paro va a llegar a límites inimaginables. Mirad lo que os digo: Casi prefiero el look deportivo que el de los brillantes. Que no pega, que no, y menos con chándal (digo “schandal”).


A ver, que sé que igual hoy estoy siendo un poco dura o chismosa, pero para ir a darnos un paseo después de llevar encerrados en casa más de cincuenta días no hace falta ni disfrazarnos de lo que no somos ni de salir a la calle vestida de revista. Que ahora nos dejan salir para estirar las piernas, dejar correr la circulación corporal y comenzar a recuperar la forma física perdida y el tono muscular.  Que nadie tiene más ganas que yo de volver a vestirse elegante para un evento, recuperar nuestra vida anterior y sacar nuestras mejores galas. Pero todo llegará, y ahora para llevar mascarilla – que por favor hay que llevarla para no contagiar a los demás – y guantes de latex es mejor guardar nuestros tesoros para un futuro que cada vez vemos más cercano e ir ahora cómodos, sencillos y dispuestos para comernos el mundo en estos primeros paseos que nos saben a gloria.

Así que aquí os dejo esta reflexión, que creo que es importante para seguir estando, en cuerpo y alma, ¡Más Que Guapas!

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Emma G.
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Redactora de Mas Que Guapa

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