A dos metros de distancia

A dos metros de ti

Por fin podemos salir; con algunas restricciones, más o menos tiempo, solos o acompañados, pero finalmente
ha llegado el día deseado y abrimos nuestras puertas por fin. Por lo visto vamos a desconfinarnos por fases, así que la vuelta a la normalidad no va a hacerse por el momento realidad.

Sin embargo, hay varias cosas que estos días me han hecho reflexionar. Ver cómo han salido algunas familias el primer día con los niños y cómo se han saltado las normas me llega a pensar que esos aplausos de las ocho no han dado el fruto que debían dar. Imagino, y no es por ser malpensada, que en las demás fases ocurrirá lo mismo, y a aquéllos a los que afortunadamente el Covid19 no les ha golpeado todo volverá a la normalidad.

El otro día vi una película en la televisión que me impactó: Se titula “A dos metros de ti” (en inglés “Two feet apart”), un filme protagonizado por Cole Sprouse y Haley Lu Richardson en el que dos jóvenes adolescentes afectados de fibrosis quística viven intermitente en el hospital debido a su enfermedad. En esa película, ahora más real que nunca, se ve cómo esos pacientes van continuamente con mascarilla (incluso en el hospital), con la máquina de oxígeno colgada del hombro cada vez que se desplazan, guantes de látex para evitar contagios y no pueden acercarse a nadie a menos de dos metros de distancia. Qué difícil resulta eso y qué cotidiano nos suena ahora.

Y sí queridos lectores, todos esos inconvenientes que vemos ahora en el nuevo modo de vida que nos espera, lo sufren miles de pacientes en el mundo, y nunca nos habíamos percatado de ello. Cuando todo esto del Covid19 termine, que más tarde o más temprano lo hará, podremos besarnos, abrazarnos, achucharnos y sentirnos, mientras otras personas no podrán hacerlo debido a una enfermedad. Que hay vida después del Covid19, por supuesto, y que hay miles de enfermos cuyas vidas seguirán sesgadas mientras nosotros protestamos porque nuestra vida se ha visto un poco modificada, también.

Por eso estos días, debemos acordarnos de todos esos enfermos que siguen y seguirán entrando y saliendo del hospital por sus enfermedades crónicas. Esos a los que el Covid19 es el menor de sus problemas. Esos que esperan ansiosamente un nuevo corazón, un riñón, una intervención quirúrgica importante o una nueva medicación que aumente su supervivencia. Esos que cada día se hacen análisis, pruebas, que han revolucionado su vida familiar y que desgraciadamente cuando pase el Covid19 su vida tristemente no va a cambiar.

Ahora que todos hemos vivido lo que es un encierro, un aislamiento social, un abandono involuntario con respecto a las personas que queremos, deberíamos centrar nuestra atención en empatizar un poco más con los demás. Que nuestra vida sigue pero la de esos enfermos no, y que no podemos protestar porque en una terraza nos dejen o no tomar una cerveza más o menos tiempo, porque hace dos semanas afirmábamos que lo más importante era la salud. ¿O es que ya no lo es?


Sigamos, continuemos con nuestra lucha, de apoyo a los enfermos, de aplauso a los sanitarios, de admiración a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y a todos aquellos que han hecho posible que el mundo siga durante este confinamiento. Que el Covid nos cambie para bien, que seamos conscientes de que todo puede pasarnos y la vida cambiar en apenas cinco segundos. Que el hecho de llevar ahora guantes, mascarilla, gel higienizante o ropa especial no cambie nuestra conducta y las ganas que teníamos de vivir mientras hemos estado encerrados.

Porque allí, en nuestros hospitales, en los que han fallecido tantos compatriotas, siguen esperando otros pacientes con patologías graves y enfermedades preocupantes, y os aseguro que una semana ingresada en un hospital equivale, por lo menos, a un mes en tu vida normal. El tiempo pasa lento, muy lento, y las noches son eternas.  

Por eso, alegrémonos del desconfinamiento, sea como sea, y confraternicemos con esas personas a las que las fases 0, 1, 2 ó 4 indefectiblemente les va a dar igual, porque ellos seguirán sin poder salir y, como poco, a dos metros de ti.

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Emma G.
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Redactora de Mas Que Guapa

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