La dureza de la enfermedad y las grandes enseñanzas que sacamos

Hoy ha fallecido un joven de veintisiete años, con un corazón inmenso. Conocido por todos, debido al estatus conocido de
sus padres, nos ha hecho sentir a todo el país una tristeza absoluta, que ni siquiera es comparable a la que ya sentimos por este drama del Covid-19. Y es que como ya os señalé en un anterior post, a pesar de la pandemia, hay gente que sigue luchando frente a la enfermedad, del tipo que sea.

Cuánto nos ha enseñado este joven, y qué pena nos ha dado que no haya podido sobrevivir al terrible diagnóstico que es el cáncer. Sin embargo, su actitud frente a la vida, la enfermedad y el sufrimiento quedará en nuestra mente para siempre, y será recordado por ello como un verdadero héroe. Afrontar la vida con una sonrisa, sin dramas, ni agonías. Qué buenos consejos para aquellos que acaban de recibir la fatal noticia y que tienen todo un camino por delante hacia la curación o recuperación. Y qué ejemplo a seguir a aquellos que no valoran su existencia, que se quejan por cualquier cosa y que no valoran la familia, el amor o la amistad como él sabía hacer.

Porque la vida es lo que él decía, disfrutar del día a día, y esta pandemia horrorosa nos ha enseñado a vivir el momento, a no hacer tantos planes a largo plazo y a valorar lo que tenemos. Hoy, además, hemos superado ya los veintitrés mil fallecidos por el Covid-19, y son tantas las pérdidas humanas inesperadas que debemos de sacar una lección de vida de todo esto.

Cuando te diagnostican una enfermedad poco frecuente, como fue mi caso, o una dolencia más generalizada, como ocurre con frecuencia, se te cae el mundo encima. De repente todo tu proyecto de vida cambia, no sabes hacia dónde dirigirte, y piensas, mañana, tarde y noche que esto no es real, que es una pesadilla de la que no puedes despertar. Pero después pasa el tiempo, y por suerte o por desgracia, te vas acostumbrando a tu nueva vida. A un mundo en hospitales, con pruebas, analíticas, pinchazos, y en donde ves la cantidad de gente enferma que hay a tu alrededor aunque no sea de tu entorno, y a la que nunca habíamos prestado atención.   

Y como acabo de oír en la televisión que decía este joven brillante del que os hablo, en la vida todo es cuestión de actitud. Hemos sido criados para pensar continuamente en el futuro, en que vamos a ser eternos, y que si no llegamos a los ochenta moriremos jóvenes. Y sin embargo, nadie se para a pensar que lo importante en esta vida no es la duración de la existencia, sino la plenitud de la misma. Hay personas que mueren mayores, y han pasado por la vida sin pena ni gloria. Otros, sin embargo, tienen la desgracia de morir antes, pero han dejado una huella en la vida tan imborrable que resulta difícil de olvidar y su recuerdo permanece con el paso de los años. Sí, es ese tipo de personas que se han dedicado en la vida a hacer el bien, y así en consecuencia se les recuerda eternamente.

Por eso, y si no eres de los positivos, de los que no tienes nada que aportar a la sociedad, de los que sólo piensan en sí mismos y de los que en lugar de ayudar poner trabas, deben mentalizarte que es el  momento de cambiar de actitud. Siempre habrá algo que puedas hacer por los demás, una palabra adecuada, una sonrisa al desconocido que tiene los ojos tristes. Un buenos días a un anciano que vive solo en tu mismo edificio, un piropo adulador a alguien que ese día no se vea demasiado bien, una ayuda gratuita con la sabiduría que aplicas en tu profesión a cambio de nada. Que si algún día te pasa algo, que te recuerden por tu buen hacer y no hayas pasado por la vida sin hacer el bien.


Por eso, este joven que hoy recordamos, se merece todos los elogios. Nunca ha transmitido miedo, horror o disgusto frente a la enfermedad, y seguro que lo ha pasado muy mal. Pero al igual que hay pacientes que pierden desgraciadamente la vida, hay muchos otros que van a salvarla gracias a los avances médicos y científicos existentes. Y esa esperanza es la que hay que transmitir, porque yo en concreto soy un ejemplo de ello.

La vida es un regalo del que no podemos disponer. Por eso y más en estos días, hay que vivir el momento, disfrutar del instante, y fomentar la solidaridad, el optimismo y la ilusión. Y experimentar la sensación de ser empático, de ayuda a los demás y de ponernos en su lugar es una sensación inmensamente gratificante, incomparable con ninguna otra. Porque hemos nacido en sociedad, y porque solos, pensando en nosotros mismos en exclusiva, no vamos a ninguna parte.

DEP nuestro ya querido ALG, y que todo tu ejemplo sirva como modelo de vida para todos aquellos que todavía no han descubierto lo que de verdad importa, y que aún están a tiempo para poder seguir siendo, en la vida, Más Que Guap@! 

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Emma G.
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Redactora de Mas Que Guapa

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